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El crimen sin resolver de Puente Genil: Secretos confesionales para un asesinato

Tema en 'Crímenes sin resolver' iniciado por Rocknrolla, 11 Dic 2018.

  1. Rocknrolla

    Rocknrolla New Member

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    Una investigación negligente no arrojó luz sobre el crimen sin resolver de Puente Genil, con el asesinato de Casta Castrillo en la ciudad de Córdoba el 19 de julio de 1995. El cuerpo fue encontrado en un olivar con un golpe en la cabeza.

    En una tarde calurosa, Casta Castrillo, de 31 años, anda en bicicleta. No se va a casa. Su cuerpo fue encontrado en un olivar. Una infame investigación mantiene el caso abierto 23 años después. Los asesinos están sueltos en el área. Se trata de un informe, publicado en EL PAÍS el 5 de agosto de 2007, que relata uno de los casos más mediáticos que la ciudad de Puente Genil en Córdoba ha visto en las últimas dos décadas:

    Nada parece haber cambiado cuando Cipriano Castrillo sale por la tarde para ir al canal como si fuera posible retroceder en el tiempo hasta el día en que su hija Casta fue asesinada. El hombre reconstruye la misma ruta que ella hizo en bicicleta el miércoles 19 de julio de 1995, entre ocho horas y media y nueve horas y media en un día caluroso. Algunos vecinos recuerdan haberla visto durante la visita, un vecino hablando con ella, pero nadie sabe cómo desapareció. Un agricultor encontró la bicicleta en medio de la carretera y la llevó a la alcantarilla. Otro vecino vio esta bicicleta fuera de la vista y sin propiedad: no tenía ni idea, pero recuerda la hora porque sonaron las campanas de las diez en punto. Una semana después, el cuerpo semidesnudo de Casta fue encontrado bajo un olivo a cuatro kilómetros del lugar. Nunca volvimos a saber de su bicicleta. O el perpetrador o perpetradores del asesinato.

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    El cuerpo fue enviado al cementerio, donde un experto forense sin experiencia realizó una autopsia en una habitación

    El sendero comienza en uno de los límites de la localidad cordobesa de Puente Genil (30.000 habitantes). Se trata de una antigua carretera asfaltada paralela al canal del Genil y a la carretera de Montalbán, una carretera oscilante con suaves pendientes cuyos bordes están ocupados por olivares y algunas casas. No es un lugar aislado, generalmente frecuentado por ciclistas, prostitutas, coches en tránsito y vecinos caminando, como hace Cipriano por la tarde desde hace 12 años, que todavía se pregunta cómo, a estas horas de julio, incluso a la luz del sol que sale, su hija podría desaparecer sin que nadie viera ni oyera nada. Todavía se pregunta cómo la Guardia Civil pudo haber acumulado tantos errores en la investigación. Por eso está reconstruyendo el camino, buscando respuestas del pasado. A los 72 años, lo único que quiere es no morir sin conocer primero al asesino o los asesinos de su hija.

    Cipriano conoce cada metro de camino. Hace doce años, cuando su hija estaba fuera de casa esa noche, empezó a salir con él poco a poco. Durante siete días y siete noches, con la ayuda de otros camioneros y aldeanos, participó en redadas, examinó cada metro cuadrado, inspeccionó cada pozo de la zona, hasta que una mañana llegó el aviso del descubrimiento del cuerpo de su hija. Fue encontrado en medio de un olivar. El calor había acelerado su descomposición. No estaba lejos, ni escondido, pero el fuerte olor a pechines (residuos de olivos) esparcidos por el campo hacía que el olor a putrefacción no revelara antes su presencia.

    El cuerpo de Casta dejó dos muestras de ADN diferentes y un puñado de incógnitas

    Su cuerpo fue enviado al cementerio, donde un experto forense sin experiencia realizó una autopsia en una habitación del mismo cementerio. Sólo me llevó una hora y media. Su informe es deficiente en opinión de los expertos: apenas puede determinar si la mujer ha sido violada. Murió de un fuerte golpe en la cabeza. Tomó muestras, vello púbico en una de sus manos y rastros de sangre entre sus uñas. Se dijo entonces que no se podían extraer datos del cabello porque faltaba la raíz. Así comenzó una serie de absurdos que han sobrevivido hasta el día de hoy.

    El lugar donde se encontró el cuerpo no estaba bien sellado y era un pasto mórbido. Por alguna razón inexplicable, la Guardia Civil tomó fotografías en blanco y negro del cuerpo. La inspección ocular fue deficiente y no se tomaron muestras de suelo de debajo del cuerpo para determinar si Casta murió allí, y se depositó allí poco después de su desaparición o unos días después. Algunas de las pruebas forenses pertinentes para una investigación fueron contaminadas durante esas horas.

    Luego vino una extraña búsqueda de sospechosos

    Algunos testigos que vieron a Casta esa tarde recuerdan la presencia de un coche oscuro aparcado en la alcantarilla, dentro del cual se escondía un hombre con bigote, que no estaba debidamente identificado. En la misma noche del descubrimiento del cuerpo, se hizo una llamada anónima a la policía local en Puente Genil con voz temblorosa, citando el nombre y apellido de una persona relacionada con el crimen. La policía encontró que nadie con esta identidad había sido registrado en la ciudad y estacionó la denuncia. Nadie se dio cuenta de que mucho después había cinco personas con el mismo nombre y apellido en las aldeas de los alrededores. Hace unos meses, casi 12 años después, la Guardia Civil realizó esta auditoría.

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    Una noche, una voz anónima dio el nombre y apellido de un sospechoso. Tomó años verificar este hecho

    El entorno de la Casta no fue investigado en esas fechas, una práctica esencial en cualquier investigación, y fue hace tres meses que la Guardia Civil decidió tomar muestras de ADN de los familiares. Cuando fueron a buscarlos, uno de los hermanos de Casta se enfrentó a los agentes con indignación: "¡Toma mi muestra, pero no mi muestra ahora; toma mi muestra hace 12 años!" La investigación del delito había pasado de un juez a otro, de un juez a otro, de un oficial a otro, tratado como un caso perdido. Dos años después del asesinato, un agente decidió investigar el entorno de Casta. Encontró vínculos entre la mujer y el único sospechoso que había sido arrestado por el crimen, pero no pudo ir más lejos: el caso cayó en otras manos. Esta ociosidad no está incluida en una provincia donde el asesinato es un hecho muy raro, hasta el punto de que el 2005 se cerró sin delitos, y el 2006, con sólo tres, según datos de la Subdelegación del Gobierno de Córdoba. Por esta razón, este crimen tuvo un gran impacto y provocó varias manifestaciones. El arresto de un sospechoso silenció estas protestas, luego el tiempo hizo el resto. Pero incluso este primer arresto fue también imperfecto.

    El detenido era un hombre soltero, afectado por la depresión, un viajero que vivía en Lucena, un pueblo cercano. Siempre viajaba en una camioneta. Coincidentemente, antes de que se encontrara el cuerpo, fue visto en actitud sospechosa en el cementerio de la aldea. Era de madrugada, tenía la camioneta con las luces encendidas y crucé el cementerio con una cuerda. Cuando se le acercaron elementos de una de las redadas en busca de Casta, mostró una actitud sospechosa. Entre estos hombres estaba el padre de Casta. Había monjes de la Orden de los Hermanos de la Resurrección, que estaban a cargo del cementerio. El hombre dijo que estaba aquí porque quería confesar. Aceptó a regañadientes que los hombres en la redada pudieran observar el interior del vehículo. Sólo había unas pocas gotas de sangre, que a nadie le importaban.

    El caso parecía cerrado, a pesar de la insistencia de Cipriano, que consiguió que se tomaran muestras de ADN del cabello en la Universidad de Santiago de Compostela. Solicitó sin éxito una segunda autopsia del cuerpo. Casta dejó dos muestras de ADN diferentes y un puñado de incógnitas, pero el caso fue de mano en mano, de juez en juez, sin resultado aparente.

    Así es como se mantuvieron las cosas, hasta hace unos meses. El caso ha sido reabierto

    Hay un testigo protegido. Una persona en quien alguien confió hace años para participar en un crimen. Esta es una segunda confesión. Según su relato, había cuatro hombres en un coche, borrachos y algunos drogadictos. Vieron a una joven y trataron de forzarla. Se resistió, fue golpeada con una piedra y murió. Intentaron esconder el cuerpo, intentaron quemarlo sin tenerlo. Y sellaron un pacto de silencio.

    Este segundo sospechoso ha sido identificado y dicen que tiene miedo porque rompió el pacto. Algunos detalles han sido revelados por la localidad, por lo que se habla de los cuatro de Lucena, de donde provienen estos hombres. El relato del testigo está lleno de detalles que no se conocían en ese momento. Por ejemplo, intentaron quemar el cuerpo. Hay signos de quemaduras en el cuerpo de Casta, que podrían deberse al sol. En este sentido, la autopsia no fue concluyente.

    Se sabe muy poco sobre esta nueva investigación. El procedimiento sigue siendo muy lento. Otro oficial está a cargo de las investigaciones y, en algunos casos, ha decidido hacer lo que el protocolo ha estado diciendo desde el principio: tomar el ADN de los padres. También acaba de comprobar los datos de la llamada anónima realizada hace 12 años.

    Algunos investigadores dan poco crédito a esta última confesión y se inclinan por la versión del monje, que fue maltratada, en caso de que el primer sospechoso fuera al cementerio a esconder el cuerpo de Casta. Sin embargo, el hombre con bigote que esperaba en un vehículo oscuro no fue interrogado adecuadamente. Tampoco se realizó una segunda autopsia de Casta. Los monjes de la Orden de la Resurrección abandonaron Puente Genil en 2004.

    Casta tenía 31 años. Tenía un título en ciencias sociales. Algunas tardes, iba en bicicleta con una amiga, una bicicleta de montaña negra y naranja. En la tarde del 19 de julio de 1995, su amiga se encontraba en Córdoba para resolver algunos problemas y no pudo acompañarla. Casta ha terminado de ver la serie de observación de la playa por televisión. Y comenzó su viaje en bicicleta. Doce años después, Cipriano, su padre, retomó el viaje. Necesita una respuesta. Dos pruebas de ADN están buscando un dueño.
     
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  2. gonzifp

    gonzifp Member

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    juanramonpereira New Member

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    Hola foreros. Mi nombre es Juan Ramón Pereira Docampo. Soy psicólogo especialista en conducta violenta. Entre 2013 y 2015 entrevisté en distintas prisiones españolas a personas condenadas por asesinato. Tengo un blog en el que poco a poco iré contando mis experiencias y opiniones en torno a los sujetos que conocí. Me encantaría compartir con vosotros mis experiencias y opiniones en torno a distintos aspectos de la criminología, así como documentales y libros sobre el tema, tanto de asesinatos resueltos como de asesinatos aún sin resolver.
     
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